Carta de Kadashman Enlil I, rey de Babilonia, a Amenhotep III (EA 3)

Kadashman Enlil de Babilonia a Amenhotep de Egipto [...] Cómo es posible que, habiéndote escrito para pedirte la mano de tu hija ¡oh, mi hermano!, me escribes usando ese lenguaje, diciéndome que no me la enviarás porque desde el principio de los tiempos ninguna hija del rey de Egipto nunca ha sido dada en matrimonio. ¿Por qué me dices esas cosas? Tú eres el rey. Puedes hacer tu voluntad. Si deseas enviarme a tu hija en matrimonio ¿quién te dirá que no? 
 
Pero tú, manteniendo tus principios de no enviar a nadie, no me has enviado una esposa. ¿No estás buscando una relación de fraternidad y amistad, cuando me sugieres -en tu escrito- un matrimonio, para hacernos más cercanos? ¿Por qué mi hermano no me ha enviado una esposa? [...] Es posible que no me envíes una esposa, pero ¿cómo puedo rehusar a darte una esposa y a enviártela, como has hecho tú? Tengo hijas, no te rechazaré de ese modo en esta situación... 
 
En cuanto al oro sobre el que te escribí, envíamelo rápido durante este verano [...] antes de que tu mensajero llegue a mí, oro en abundancia, tanto como sea posible. Podré de esa forma saldar la deuda que he cogido. Si me envías este verano [...] el oro sobre el que te he escrito, te daré mi hija en matrimonio. Entonces, envía oro, de buena gana, tanto como te complazca. Pero si no me envías el oro [...] para que pueda saldar la deuda que he cogido, ¿por qué no me has enviado nada antes de buena gana? Después de que haya saldado la deuda que había cogido, ¿por qué habría de desear más oro? Incluso aunque me enviaras 3.000 talentos de oro no los aceptaría. Los devolvería y no te daría a mi hija en matrimonio.